martes, 10 de febrero de 2015

MADRID. EL BARRIO DE LAS MUSAS



MADRID. EL BARRIO DE LAS LETRAS







Durante los siglos XVI y XVII los más célebres literatos de la época compartieron algo más que profesión: alguna vez vivieron en el barrio que se extiende en torno a la calle de Huertas, hoy en gran parte peatonal y convertido en uno de los lugares más concurridos del centro de Madrid. Y ya desde entonces, no ha dejado de ser un lugar de ebullición artística.

A lo largo del siglo XVI, Madrid sufrió profundas transformaciones, pues pasó de ser una pequeña villa medieval, a convertirse en la capital del Imperio español. Carlos I encabezó un reinado continuado por Felipe II que fue determinante en la evolución de todos los aspectos históricos, sociales y económicos de Madrid.

La Plaza de Santa Ana –actualmente centro de gran interés turístico por concentrar teatros, cervecerías, restaurantes y pubs- ha llegado a ser lo que es hoy gracias a Álvarez Gato, un alto funcionario, mayordomo del rey Carlos I, que compró los terrenos cerca de la plaza del Arrabal, actual Plaza Mayor.

La casa en la que Lope de Vega (calle Cervantes 11) habitó durante sus últimos 25 años de vida recuerda al dramaturgo y sirve como recuperación de una vivienda tipo de inicios del siglo XVII. Se constituye como una casa museo en la que se funden piezas originales, propiedad del propio Lope, y documentación de inventarios y documentos de afortunado hallazgo.

TEATRO EN LOS CORRALES

Entre los nuevos vecinos que accedieron a esa nueva zona se encontraba María Pacheco, muy popular tras ceder su corral de gallinas para pequeñas representaciones teatrales, que se sucedían desde el mediodía hasta bien entrada la noche. El Corral de la Pacheca, que más tarde pasaría a llamarse Corral del Príncipe, fue el lugar de esparcimiento de los madrileños, que acudían cada vez en mayor número a ver las obras de Lope de Vega y, posteriormente, de Tirso de Molina o Calderón de la Barca. En la actualidad, .siguen interpretándose obras clásicas en el mismo enclave, transformado en el Teatro Español (1849), ubicado en la misma plaza de Santa Ana que hoy acoge las estatuas de Calderón de la Barca y Federico García Lorca. Muy cerca, en la calle del Príncipe, se levanta el Teatro de la Comedia, inaugurado en 1875 y en estos momentos en proceso de restauración.

POR LA CALLE DE HUERTAS

Huertas se ha convertido en el centro favorito de reunión de los turistas y estudiantes extranjeros por su gran animación nocturna, heredada del Madrid del Siglo de Oro. Aunque queda para nuestra imaginación cómo era aquel ambiente, tenemos como referencia sus casas bajas y sus calles estrechas, además de algunos edificios históricos como la iglesia de San Sebastián, declarada Monumento Nacional no por el edificio sino por sus archivos. En ella consta gran parte de la vida de ilustres personajes que se bautizaron –Ramón de la Cruz, Jacinto Benavente-, casaron –Larra, Zorrilla, Bécquer- o recibieron homenaje tras su fallecimiento. Entre sus actas de defunción figuran las de Lope de Vega –enterrado allí mismo-, Ruiz de Alarcón y Espronceda. En su antiguo cementerio, actual vivero, fue donde José Cadalso, uno de los nombres más destacados de la literatura española del siglo XVIII, trató de desenterrar el cuerpo de su amada, la actriz María Ibáñez. Aquella experiencia le sirvió para narrar sus célebres Noches Lúgubres.

PALABRAS EN EL SUELO

Bajando por la calle Huertas, el paseante puede detenerse a leer alguna pieza de Luis de Góngora, Francisco de Quevedo o Gustavo Adolfo Bécquer que vivieron o trabajaron en estas calles, y que han sido reconocidos plasmando algunas de sus obras en el solado del barrio. En la Plaza Matutes podremos detenernos a observar el edificio que acogía la imprenta del periódico El Imparcial, donde trabajó Gustavo Adolfo Bécquer. Pasado el cruce con la calle León, nos encontraremos con el mentidero de los Comediantes o mentidero de Representantes, lugar donde se juntaban ociosos y desocupados, especialmente autores y comediantes.

HISTORIAS DE CERVANTES





Entre la calle Huertas y la antigua calle Cantarranas -hoy calle Lope de Vega-, se encuentra el Convento de las Trinitarias. Fundado por Felipe III en 1612, de línea sobria y austera, obra del arquitecto Marcos López, debe su supervivencia a la Real Academia de la Historia. En el convento, convertido en parte en sede de la Universidad de Alcalá, se encuentra enterrado Miguel de Cervantes, el cual estuvo muy unido a la orden de las Trinitarias después de que pagaran su liberación de las mazmorras argelinas donde pasó cinco años de cautiverio.

El autor de El Quijote no pudo compartir escenario con su gran y joven rival Lope de Vega porque el triunfo de su nueva forma de hacer teatro impidió el estreno de las obras de Cervantes que, por comparación, parecían ya desfasadas. Ambos formaban las dos caras de una moneda. Lope era un dramaturgo de éxito, adinerado, amado por el pueblo y por las mujeres. Cervantes era un novelista poco reconocido y sin dinero. Tan paralela discurrió su vida que, además de vivir separados sólo por unos metros, se dice que compartieron amante como compartieron también devoción por el convento de las Trinitarias donde, además, se encontraban ordenadas sus hijas.

Y LOPE DE VEGA



Su rivalidad era por todos sabida: era público que se intercambiaban puyas y mal intencionadas muestras de respeto en sus escritos. A pesar de todo, Cervantes y Lope se hablaban y se veían continuamente en las tertulias, en la congregación y, sobre todo, en la calle. Durante la recta final de su vida, Cervantes vivió en la calle Huertas y luego en la de Francos -ahora llamada calle Cervantes, en el correspondiente nº 2 -, frente al mentidero de los Comediantes y muy cerca de su enemigo, Lope de Vega, que vivió en una casa desde donde salió una vez muerto seguido por todos los madrileños hacia la iglesia de San Sebastián, en la que está enterrado.

La calle Lope de Vega desemboca en la iglesia del Cristo de Medinaceli, durante mucho tiempo venerada por las actrices de la época que llenaban de falsos devotos masculinos la iglesia de Jesús. Objeto de devoción de miles de madrileños aún en nuestros días, es una capilla que formaba parte de los Padres Trinitarios Descalzos y que con asiduidad era visitada por Lope de Vega, Calderón de la Barca y Tirso de Molina, escritores ordenados sacerdotes que trasladaron sus obras dramáticas, antes representadas en los alrededores de las iglesias, a los corrales de comedias.


GÓNGORA Y QUEVEDO





 




Estas calles que fueron mil veces pisadas por hombres, se convirtieron también en el escenario de sonoras peleas entre Francisco de Quevedo y Luis de Góngora. Frente al Convento de las Trinitarias, haciendo esquina con la calle Lope de Vega, se encuentra la que fue casa de Quevedo. Así se recuerda en una gran placa en la fachada donde no se tiene en cuenta que antes fue el hogar en que Góngora vivió de alquiler hasta que Quevedo la compró y expulsó, en pleno invierno a su rival. Arruinado y perdidos los contactos que le favorecían debido al cambio de monarca, Felipe IV, se volvió a Córdoba donde murió a los pocos meses.

Nos encontramos también aquí con dos hombres opuestos. Quevedo tenía una gran personalidad, era asiduo a los prostíbulos y a los ambientes marginales de la época, y muy querido por ser un hombre cercano al pueblo. Góngora, por su parte, tampoco era un modelo de perfección porque se gastaba el dinero en proteger a sus familiares, en lujos excesivos y en el juego. Además, generaba antipatía en la gente de su alrededor.

FINAL DE TRAYECTO

El final del centro histórico se encuentra en el Paseo del Prado y la Plaza de las Cortes, donde se erige una estatua de Miguel de Cervantes y los hoteles Palace y Villarreal. A pocos metros se localiza, desde 1884, el Ateneo de Madrid, famoso centro madrileño de charlas, foros y reuniones culturales. Los museos de El Prado, Thyssen-Bornemisza y Reina Sofía ocupan una zona que fue testigo de la vida y milagros de nuestros escritores del Siglo de Oro.

Comediantes, escritores y toda la vida social de la época se dieron cita entre estas calles. Era el Madrid del Siglo de Oro, donde el honor estaba sobrevalorado y muchos gestos no ofensivos eran tomados por insultos que se saldaban en medio de la calle. Hoy, la zona, también conocida como Barrio de las Musas o Barrio del Parnaso –en honor del poema de Cervantes, Viaje al Parnaso-, es una de las más concurridas de Madrid por su ambiente.


Responde estas preguntas a continuación:

  1. ¿Por qué a este barrio se le llama también del Parnaso?
  2.  ¿Cómo se llamaba antiguamente la Plaza Mayor?
  3.  ¿A quién se le debe la existencia de esta plaza?
  4.  ¿Cuántos años vivió Lope de Vega en su última residencia? 
  5.  El actual Teatro Español tuvo dos denominaciones anteriores. Escríbelas.
  6.  ¿Qué macabra anécdota se explica relacionada con la Iglesia de San Sebastián?
  7.  ¿Por qué Cervantes estaba muy ligado a la orden Trinitaria?
  8.  ¿A qué Cristo veneraban las actrices de la época?
  9.  En la casa que compró Quevedo vivía antes otro escritor, ¿quién era?
  10.  Localizad con una cruz en el plano la Plaza de Santa Ana


RETOS DE LA GINCANA EL BARRIO DE LAS MUSAS

  1. Realizad un video delante de la casa-museo de Lope de Vega en el cual un componente del grupo lea el soneto de este autor. Calle Cervantes 11
  2. Realizad una fotografía de grupo delante del Teatro de la Comedia dispuestos todos los componente del grupo (excepto quien realice la fotografía)como si estuvieseis ensayando una escena de teatro. Calle Príncipe 14
  3. Realizad un video delante del Ateneo de Madrid y que un componente del grupo lea el fragmento de Galdós. Calle Prado 21
  4. Realizad un video debajo del busto de Cervantes en el que un miembro del grupo lea el principio del Quijote. Calle Cervantes 2
  5. Fotografiad alguna de las citas de Francisco de Quevedo, de Luis de Góngora o de Gustavo Adolfo Bécquer o de otros autores que hay en el suelo. Calle Huertas
  6. Realizad un video de grupo delante de la estatua de Calderón en que un miembro del grupo lea el principio de La vida es sueño. Plaza Santa Ana
  7. Realizad un video en el cual un componente del grupo lea el soneto Quiero llorar mi pena de Federico García Lorca delante de su estatua. Plaza de Santa Ana.
  8. Que un miembro del grupo lea el poema Como el toro he nacido para el luto de Miguel Hernández delante del hotel Gran Hotel Reina Victoria, que es donde muchos toreros se hospedan cuando tienen corrida en Las Ventas.  Plaza Santa Ana.
  9. Localizad la calle Moratín (autor teatral del s. XVIII) y haced una fotografía de la lápida que identifica la calle.
  10. Haced una foto de grupo en la plaza de Jacinto Benavente (autor teatral del s. XX).
  11. Fotografiad la imagen deformada de un compañero en alguno de los espejos deformantes de un pequeño establecimiento sito en la calle del concejal del s. XV Álvarez Gato. Calle Álvarez Gato.
  12. En la calle Quevedo esquina Lope de Vega, se encuentra la que fue casa de Quevedo, y antes de Góngora. Así se recuerda en una placa de la fachada. Realizad un video en el que después de enfocar la lápida conmemorativa aparezca uno de vosotros leyendo el poema de Quevedo o de Góngora.
  13. Localizad la iglesia Basílica de Jesús de Medinaceli y realizad la foto-testimonio de grupo a la entrada del templo. Calle Plaza Jesús 2, esquina con calle Cervantes.
  14. Localizad la iglesia de san Sebastián y realizad la foto-testimonio de grupo. Calle Atocha.

REALIZACIÓN DE LA GINCANA

  • Los retos han de ceñirse estrictamente a su enunciado porque en caso de duda puede llegar a considerarse prueba nula

  • El grupo designará un portavoz que presentará el resultado de las pruebas al profesor. Si no se respeta este protocolo, la prueba puede ser invalidada

  • Es obligatorio variar el protagonista de las pruebas de carácter individual y que los componentes del grupo que no realicen la foto o el vídeo rodeen al compañero que lleva a cabo la lectura


TEXTOS

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera.
         Principio de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes


ROSAURA:      Hipogrifo violento
           que corriste parejas con el viento,
           ¿dónde, rayo sin llama,
           pájaro sin matiz, pez sin escama,
           y bruto sin instinto
           natural, al confuso laberinto
           de esas desnudas peñas
           te desbocas, te arrastras y despeñas?
           Quédate en este monte,
           donde tengan los brutos su Faetonte;
           que yo, sin más camino
           que el que me dan las leyes del destino,
           ciega y desesperada
           bajaré la cabeza enmarañada
           de este monte eminente,
           que arruga al sol el ceño de su frente.
           Mal, Polonia, recibes
           a un extranjero, pues con sangre escribes
           su entrada en tus arenas,
           y apenas llega, cuando llega a penas;
           bien mi suerte lo dice;
           mas ¿dónde halló piedad un infelice?
Principio de La vida es sueño, de Calderón de la Barca



Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.
                   El poeta dice la verdad, de Federico García Lorca




Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle como un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado
como al toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y  llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
                   Como el toro he nacido para el luto, Miguel Hernández



Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;

mas no desotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
                   Amor constante más allá de la muerte, Francisco de Quevedo


Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente al lirio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello,

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, más tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
                   Mientras por competir con tu cabello, Luis de Góngora



Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,       
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,                     
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.
          Definición del amor, de Lope de Vega




 Tenía la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia interesante que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos, grandes y oscuros, apenas tenían el ribete rojo que imponen la edad y los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeras de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera y aún conservaban hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida sobre la frente; sobre ella, pañuelo negro, y negros el manto y vestido, algo mejor apañaditos que los de las otras ancianas. Con este pergeño y la expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesta de líneas, parecía una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en penitencia. Le faltaban sólo el crucifijo y la llaga en la frente, si bien podía creerse que hacía las veces de ésta el lobanillo del tamaño de un garbanzo, redondo, cárdeno, situado como a media pulgada más arriba del entrecejo.


                   Misericordia, de Benito Pérez Galdós

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